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sábado, 20 de agosto de 2016

Kvelertak // Nattesferd // 2016

Abren puertas. Dividen aguas.

Antes que cualquier otra cosa: si nunca has oído ni leído algo respecto a esta banda, ve por este enlace, escucha su álbum debut de 2010, un verdadero imprescindible del metal de esta década. ¿El motivo? La frescura de un sonido que conjugaba de manera muy especial la violencia del black con un hard rock que parecía haber sido sacado de lo mejor de los años 80, ¡un sonido alegre incluso! Algo impensado dentro del mundo de la música extrema. A causa de este ir y venir de estilos, estos noruegos lograron con su debut quedar en tierra de nadie pero a la vez muy bien parados, sensación que tres años más tarde confirmaron con el sencillamente notable Meir.  Llegaba eso si la hora del siempre complicado tercer álbum, ese que confirma o desinfla a un fenómeno, ese que tiende a dividir aguas. Y en ese sentido, Nattesferd no ha sido la excepción. 

El disco vive entre nosotros desde hace más de un par de meses, tiempo suficiente como para aquilatarlo en plena magnitud, y en algo me parece que todos quienes lo hemos oído coincidiremos: la banda ha decidido marcar un antes y un después en su carrera. Y es que tras este álbum: reculan o se disparan hacia cualquier otro lado. ¿Es entonces Nattesferd un álbum de transición? Puede ser, aquello el tiempo lo dirá, lo claro es que quienes se enamoraron de sus primeros dos discos, insinuando incluso que con los noruegos se venía una re invención del metal moderno, probablemente tras oír este conjunto de temas habrán guardado las banderas bajo el colchón. 

Comenzando por la portada, que esta vez abandona las pinturas de John Dyer Baizley de Baroness, el álbum pretende escapar del "más de lo mismo", inclinando la balanza hacia un sonido menos black y más suave (?). Y si bien en su partida el álbum se lanza con todo en la caótica y desaforada 'Dendrofil for yggdrasil' (si, los tipos cantan en su idioma) basta que suena '1985' para comprender que este disco pretende ir hacia nuevas latitudes. Bajan las revoluciones, realizan homenajes a Van Halen, repiten un riff hasta el cansancio al punto de exasperar pero logran su objetivo: sorprender y desmarcarse de sus dos álbumes iniciales. Y como '1985', hay varias en el disco, medios tiempos algo repetitivos (unos más que otros) y que empantanan algo el asunto pero se equilibran con otras que aceleran de gran forma, ahí 'Bronsegud' muestra una faceta más punk mientras que 'Berserkr'  trae al presente al Judas Priest del Ram it down, entregándonos uno de los pasajes más sabrosos del disco. 

En la recta final, que representa lo mejor del álbum sin duda y una linea que desde ya queda trazada para un siguiente trabajo, sonarán 'Heksebrann' + 'Nekrodamus', la primera va jugando con guitarras, generando cambios de intensidad con el paso de los minutos, incorporando pasajes acústicos a una estructura cambiante que convence absolutamente, mientras que la segunda es un oscuro cierre psicodélico que perfectamente podría haber aparecido en el último de los alemanes Kadavar, algo impensado dos o tres años atrás. 

¿Aspectos negativos a mencionar? La producción primero, muy comprimida y que provoca a ratos que el metal no se pueda disfrutar como corresponde, y segundo ciertas pasadas monótonas con que cuenta el trabajo. ¿Lo positivo? La valentía, el desmarque y el talento a la hora de abordar nuevos sonidos. El tiempo dirá si este ha sido el principio del fin para Kvelertak o el comienzo de algo más impresionante aún, no olvidemos el que estamos frente a una banda muy jóven y que con apenas cinco años de existencia han logrado abrir bocas, démosle aquello, que poco no es. 

3.5 // Muy bueno!

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