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lunes, 27 de febrero de 2017

Six Feet Under : Torment (2017)


Dentro de la escena metalera no vamos a descubrir hoy lo entrañable que resulta un personaje como Chris Barnes. Partiendo por su aspecto, el vocalista desprende esa sensación de haber sido siempre fiel a un estilo de vida libre y entregado a la música, sin embargo, dejando el cariño de lado, me parece muchos coincidiremos en que la obra de Barnes, desde su partida de Cannibal Corpse (allá por 1995), ha sido irregular, privilegiando en demasía la cantidad por sobre la calidad. No lo vamos a culpar, de algo hay que vivir. Y en tiempos como estos, donde prácticamente todo es irrelevante y nada perdura más allá de quince minutos (¡cuando mucho!), el estar editando material seguido se vuelve una necesidad imperiosa, por lo que, en el ritmo del disco año por medio, Six feet under (o quizás deberíamos decir Chris Barnes + una serie de músicos que van variando cada cierto tiempo) ha sucumbido como tantos otros. 

El último pico creativo vivido por la banda se dio en 2012/13 (tampoco ha pasado tanto) con la dupla Undead/Unborn, álbumes que si hilamos fino quizás daban para ser uno solo pero con los que al menos pudimos disfrutar de una fórmula fresca y dinámica. A partir de entonces tuvimos un correcto Crypt of the devil (2015) y bueno, tocaba álbum en 2017, el cual ha llegado para corroborar todo lo antes mencionado: el exceso de lanzamientos sigue pasándole la cuenta a Six feet under.

Torment es, por sobretodo, un disco repetitivo. Uno de esos álbumes que da la razón a los haters del metal que afirman que "todos los temas suenan iguales". Y es que si, en Torment todas sus canciones suenan prácticamente igual. Tiempos similares, riffs muy comunes y un Barnes que vocalmente cuenta ya con pocas armas y matices, son características de un disco que si bien regala uno que otro momento interesante ('The separation of flesh from bone' , 'Obsidian' o el cierre 'Bloody underwear' + 'Roots of evil', que recuerda muchísimo al actual Cannibal corpse) la verdad es que en general abusa del medio tiempo denso, suena plano y con poca energía. 

Habrán quienes defiendan a regañadientes la obra de Chris Barnes, y bien con eso, no nos podemos olvidar nunca el que estamos hablando de un histórico del death metal, pero insisto, me parece que dejando el cariño de lado no pasa nada si reconocemos que Torment no nos deja nada más allá de dos o tres canciones, y si es que...

2.5 // Poco que rescatar

Otras reseñas de Six feet under:

jueves, 23 de febrero de 2017

20 Años De ... Babasónicos : Dopádromo (1996)

La carrera de Babasónicos se encuentra claramente dividida en dos : sus primeros siete años... y el resto. En esa primera etapa (digamos 1992/99) conocimos con seguridad a una de las bandas más interesantes que parió la Argentina durante aquella década, mientras que en la segunda supimos de una agrupación más comercial, de nivel irregular y, digámoslo, acomodada en su metro cuadrado. Ahora, no vamos a despreciar acá los últimos años de Babasónicos, que está Jessico (2000) y Anoche (2005), al menos dos grandísimos discos que la banda supo entregarnos en su etapa más reciente, sin embargo, nadie podrá negar que el cambio de siglo se llevó parte importante de la valentía y creatividad de los argentinos. 

En ese sentido, volver a repasar Dopádromo resulta un ejercicio nostálgico que impresiona y emociona. Con todas sus letras, Babasónicos era otra banda a la que hoy conocemos, tanto en estilos, líricas, arreglos como producción. Es volver a despertar aquella sensación de estar frente a un animal no domesticado, salvaje, inquieto, ... impredecible.  Es re encontrarse con un álbum fantástico desde la arista que se quiera abordar, un disco diverso pero absolutamente conectado internamente. 

Musicalmente la primera mitad Dopádromo es perfecta, ahí nada sobra ni falta. La acústica tranquilidad de 'Zumba' introduce un toque de psicodelia que acabará por explotar con 'El medium' + "Cybernecia', ambas son rock pero experimentan con arreglos espaciales y percusiones todo el tiempo. Posteriormente un breve instrumental titulado 'Safari vixen' que da paso a dos genialidades: 'Viva Satana' y 'Perfume casino'. La primera es un notable tributo a la actriz Tura Satana , que con sus vientos logra revivir una atmósfera retro impecable, mientras que la segunda fusiona un exquisito bossa nova con, nuevamente, sonidos espaciales. Hasta acá, el disco se muestra como un viaje envolvente y compacto.

La segunda parte, sin embargo, soltará las riendas en materia experimental y se mostrará claramente menos amigable. Ahí, el tridente 'Coyarama' + 'Su majestad' + 'Pesadilla biónica del perro biónico' entrega casi veinte minutos que ya desde los títulos promete locura incomprensible, la cual se verá complementada por el rock aires setenteros de 'Calmática' y el fantástico cierre a cargo de 'Gronchótica' (nuevamente con aires futuristas) y 'Su ciervo', dos que entregaban señales respecto a por donde irían los tiros en el futuro inmediato de la banda, guitarrazos afilados y pesados, los cuales acabarían marcando el trámite de Babasónica, disco que vería la luz un año más tarde.

Entre 1992 y 1997 la carrera de Babasónicos funcionó como una escalera impecable, y en ese sentido Dopádromo fue el puente perfecto entre el experimental Trance zomba (1992) y el oscuro Babasónica (1997). Un disco que todo el tiempo se mostró valiente e inquieto, que dio muestras de una banda de rock duro que no temía incorporar, por ejemplo, elementos andinos o electrónicos. Así de increíble fueron los Babasónicos y hoy los recordamos con tanta admiración como agradecimiento. 

4.0 // Excelente!

domingo, 19 de febrero de 2017

Kreator : Gods Of Violence (2017)

Más de lo mismo (muy) bien ejecutado.

Por lo general resulta difícil reseñar álbumes de dinosaurios de la música. ¿Qué podemos esperar de una banda con más de treinta años de trayectoria y cuyo aporte a la escena fue realizado hace tanto ya? Entendiendo que bajo la idea de las expectativas, y sobretodo cuando hablamos de metal, juega un papel importante la subjetividad (los fans serán siempre felices con un "más de lo mismo bien ejecutado" de su banda mientras que quienes no lo somos inevitablemente pedimos "algo más") me parece que esta vez los alemanes de Kreator no nos la han dejado tan difícil como en el papel aparecía el asunto. Dicho en simple: Gods of violence no propone absolutamente nada diferente a lo que la banda venía planteando en sus anteriores discos, particularmente Phantom Antichrist (2012). Más en simple aún: es más de lo mismo.  ¿Implica esto necesariamente algo negativo? No. Pero las cosas en su lugar, vengo de reseñar el último de Overkill (las comparaciones son odiosas, lo se), y vamos, que la diferencia en materia de sorpresa es aplastante entre una y otra propuesta. 

Gods of violence se mece entre afilados riffs de thrash a la vena cargados de velocidad y dinámica ('World war now' , 'Totalitarian terror'), medios tiempos que de todas formas pretenden contagiar ('Satan is real' , 'Army of storms´, 'Hail to the hordes') más una que otra bajada de revolución donde la banda incluso juega con las estructuras e introduce guitarras acústicas en pasajes de su sonido ('Gods of violence' o el gran cierre que imponen los siete minutos de 'Death becomes my light'). 

En definitiva, el galope constante que el álbum propone sin duda dejará satisfechos a los fans del género pero mucho más allá de aquello no llegará. Un correcto álbum de Kreator (uno más) que juega a la segura y en lo suyo, cumple. 

3.0 // Bueno, cumple.

jueves, 16 de febrero de 2017

Overkill : The Grinding Wheel (2017)

Vitalidad que no sabe de tiempo.

Con treinta años de trayectoria y (con este) dieciocho álbumes bajo el brazo, lo de Overkill no para de sorprender. ¡Tantos años y que aún suenen con este nivel de potencia! Lo cierto es que, pese a no gozar de la popularidad de un Megadeth o Slayer, los de Bobby "Blitz" Ellsworth vienen demostrando desde hace rato que poseen características de leyenda, sobretodo tras 2010, año donde gracias al iracundo Ironbound lograron volver a oídos de muchos. Posteriormente confirmaron el interés con un par de excelentes álbumes para en 2017 regresar con The grinding wheel, un disco que baja un tanto las revoluciones en relación a sus antecesores pero no necesariamente por esto el nivel.

Efectivamente esta vez la cabalgata de Overkill se aleja por momentos del thrash sin concesiones que enmarcó álbumes como The electric age (2012) o White devil armony (2014) y se mueve sobre tiempos un tanto más lentos, aunque igual de convincentes. Abren por ejemplo con 'Mean, green, killing machine', que pretende ser la 'Master of puppets' de este álbum. Siete minutos y una estructura que tras dos estrofa/coro posee un quiebre que manda al tema hacia otro lado para durante los últimos dos minutos volver. El resultado es excelente. Se verá corroborado con la pasada por 'Goddamn trouble' + 'One finest hour', más dinámica y veloz aunque algo excesiva en su duración (ambas rondan los seis minutos y tienden a repetirse en demasía). Donde si logran ser efectivos e impecables de comienzo a fin será con el contagioso "Come on, come on!" de 'Shine on' y 'Let's go to hades', ambas van directo al hueso y demuestran que la banda aún es capaz de invitarnos a rockear con buenas armas. 

Ahora, si algo tuviese que criticarle al disco es su exceso de duración. Canciones como 'The long road', 'The wheel' y sobretodo 'Come heavy' me parece podrían habérselas ahorrado más que nada por reiterativas e insistir sobre algo que ya se había entregado de mejor forma. Sesenta minutos de álbum entorpecen el que incluso se pueda disfrutar al cierre de temas como 'Red white and blue' o 'The grinding wheel' , que si son notables y enmarcadas en un álbum más corto habrían lucido de mejor forma. 

Nadie podrá quitarles de todas maneras restarle méritos a lo que Ellzworth y Verni han sido capaces de sostener tras todo este tiempo. Overkill se mantiene en vida con dignidad de la mano de un sonido que por sobretodo suena auténtico y que aún goza de una frescura envidiable.

3.5 // Muy bueno!

martes, 14 de febrero de 2017

30 Años De... Judas Priest : Turbo (1986)

Tres décadas atrás varias leyendas del heavy metal vivían sus mejores momentos, comercialmente hablando. Eran otros tiempos, cosas como 'Final countdown' o 'Jump' estaban sonando, Iron Maiden se metía en la onda con Somewhere in time e incluso Ozzy intentaba subirse al carro, por lo que Judas Priest no tardaría en entregar su propuesta glam/metal/pop

Los británicos venían de dos álbumes fenomenales que esculpieron de cierta forma el heavy de aquellos años, me refiero a los imprescindibles Screaming for vengeance (1982) y Defenders of the faith (1984) pero en 1986 los tiros iban por otros lados, había que suavizar un poco las formas para ver que pasaba ahí. El resultado, que en un inicio se pensó como un álbum doble (uno suave y uno más agresivo), acabó tomando forma en las nueve canciones que componen Turbo, el disco más comercial en la carrera de Judas Priest.

El manual de un disco comercial afirma que el primer single debe abrir, y así hizo la banda, dejando para más adelante la apertura natural que era 'Out in the cold' (que de hecho fue usada durante la gira como opener para cada show) y dando la partida con 'Turbo lover', que fuera de contar con una estructura muy contagiosa (el tiempo les daría la razón con ella ya que rapidamente se transformó en un clásico) cargaba con la particularidad de incluir un nuevo juguete: unas guitarras que sonaban como sintetizadores. El resto del disco deambulará entre dos veredas, una cargada al speed metal donde 'Locked in' y 'Rock you around the world' se lucen con buenas armas, fuera de mostrar a un Rob Halford en plena madurez vocal, con un manejo de los agudos que ya eran marca de la casa, y una serie de irregulares medios tiempos, donde destaca 'Hot for love' mientras que otras como 'Private property' o 'Parental guidance' más allá del coro contagioso no logran llegar. 

En la comparación con sus antecesores inmediatos y posteriores sucesores (recordemos que al disco le seguiría la implacable dupla Ram it down + Painkiller) un disco como Turbo queda inevitablemente mal parado. A tres décadas de su lanzamiento constatamos que el experimento solo nos dejó dos o tres canciones divertidas, sin embargo, situado en su contexto histórico el álbum brilla con alas propias (es Judas priest , no una imitación de alguna otra banda). A 31 años de su lanzamiento lo valoramos con cariño y respeto, el que se le debe guardar a una leyenda de la magnitud de los enormes Judas Priest

3.0 // Bueno, cumple.

Otras reseñas de Judas Priest:
2014 // Redeemer of soul

sábado, 11 de febrero de 2017

Japandroids : Near To The Wild Heart Of Life (2017)

Excavando en su singularidad.

Suenan los primeros acordes de 'Near to the wild heart of life' (la canción) y todo pareciese indicar el que estamos frente a un álbum continuista de los canadienses de Japandroids. Los elementos presentados en Celebration rock (2012) se mantienen: energía desmedida y contagiosa, melodías adolescentes y mucha potencia en el sonido. Con 'North east south west' (otro himno de estadio) el asunto va por el mismo camino, sin embargo la llegada de 'True love and a free life of free will' nos invita a abrir bien los sentidos. Hablamos de un medio tiempo reflexivo que si bien mantiene el espíritu del dúo, se desmarca en tiempos y arreglos de lo que veníamos oyendo. Y a partir de acá, el asunto comenzará a explorar... 

Efectivamente estamos frente al álbum más singular de Japandroids a la fecha, uno donde no han temido bajar a ratos las revoluciones de manera magistral como en 'I'm sorry (for not finding you sooner)', dejándonos eso si con cierto gusto a poco (el tema exigía un reventón mayor previo al cierre) e incluso perderse durante siete minutos en un loop adictivo como es 'Arc of bar'. En 'Midnight to morning' unas guitarras acústicas anticipan un tema aparentemente inofensivo pero que tras dos minutos aumenta la dinámica y vuelve sorprender. A estas alturas el trabajo ha conseguido su objetivo por lo que el cierre a cargo de 'No known dring or drug' + 'In a body like a grave' llegan únicamente para cerrar de manera correcta el asunto. 

La energía sigue ahí, los himnos también e incluso se han dado el gusto de excavar dentro de su propio sonido para regalar un par de joyas de tono introspectivo, todo esto sin perder esencia ni sonar como unos completos desconocidos. El tiempo dirá si con Near to the wild heart of life han tocado techo o más bien estamos frente a uno de esos álbumes puente para una banda que comienza a mostrar deseos de crecimiento. Lo interesante es que, sea como sea, avanzan sin ceder calidad e incluso dejándonos con gusto a poco. 

3.5 // Muy bueno !

miércoles, 8 de febrero de 2017

Raphael: Infinitos Bailes (2017)

Gracias maestro.

En medio de una cantidad impresionante de compilados, grandes éxitos y álbumes en vivo, el que un artista de la talla de Raphael se decida a editar material inédito se valora y atesora como agua en el desierto. Vuelve entonces el español con un puñado de canciones compuestas por una serie de artistas jóvenes, con arreglos en formato full band y una producción exquisita que rejuvenece y saca partido a su voz, encontrando así un álbum en general ameno y que incluso encuentra uno que otro momento brillante.

Infinitos bailes es por sobretodo un disco diverso y jovial. Abre con 'Aunque aveces duela', con un Raphael que es absoluto protagonista sobre un piano, sin embargo, entrando al coro llega la primera (y agradable) sorpresa: entra la banda y el asunto gana en fuerza. Ahora, si la partida cumple, es con la energía y contundencia de la dupla 'Infinitos bailes' + 'Carrusel' cuando el álbum comienza a vivir con alas propias. Las líricas reflexionan respecto al paso del tiempo desde una mirada siempre optimista por lo que Raphael suena convincente y, digámoslo, en su salsa.

Con 'Cada Septiembre' y 'La carta' el disco muestra sus primeros ripios de irregularidad, ambas  suenan muy tradicionales y no logran sostener el nivel, el cual de golpe vuelve a subir con la que con seguridad es la gran canción de este disco : 'Igual (loco por cantar)', una donde el vocalista logra sacar lo mejor de si y, pletórico, demuestra su condición de leyenda. Similar es lo que ocurre con 'La duda desnuda' (escrita por Enrique Bunbury, quien una vez más le regala una pequeña joya) + 'Por ser tú' , que son pura intensidad, y 'Semilla o flor', que conmueve con su sencillez pero potente interpretación. El álbum vive en el nudo (como tiene que ser) sus mejores momentos y acaba por convencer de que el retorno ha sido tremendamente provechoso. 

Entrando en la recta final, como el disco ya ha cumplido, se disculpa el nuevo bajón que vive. En toda esta pasada lo mejor aparece con la excelente 'Del principio hasta el fin' (notables esos "Oooohh OoooOoh" a la Coldplay) mientras que el resto sólo se limita a acompañar, cerrando así un disco que todo el tiempo huele a regalo, con un Raphael entregado al máximo y que da muestras de unas capacidades que, pese al evidente e innegable paso del tiempo, aún logran conmover y emocionar.

3.5 // Muy bueno !

sábado, 4 de febrero de 2017

The Flaming Lips : Oczy Mlody (2017)

En su propia liga.

Desde hace un tiempo bastante largo que los de Wayne Coyne han ido encerrándose en atmósferas cada vez más lúgubres e introspectivas. (Muy) Atrás ha quedado la luminosidad melódica de álbumes como The soft bulletin (1999) o Yoshimi battles the pink robots (2002), hoy la invitación de los Flaming lips apunta en una dirección diferente (será la edad?), en plan "lo tomas o lo dejas" y sin medias tintas.

En esa linea, Oczy mlody ("ojos de los jovenes" en polaco, el término se extrae de un libro que ha inspirado a Coyne) continúa el camino iniciado en 2009 por Embrionic y que cuatro años más tarde vio continuación en The terror, entregándose a los teclados y la psicodelia, aunque marcando esta vez algunas diferencias en el tono del relato. Si en The terror todo fue desesperanza en esta ocasión la locura se encuentra encaminada hacia sonidos más optimistas, 'Sunrise (Eyes of the young)' es un claro ejemplo de lo que menciono. 

De todas maneras hay espacio en el álbum para la melancolía. Ahí este encuentra un acierto notable en los siete minutos que abren con 'Oczy mlody' + 'How?', esta última probablemente la gran joya que nos dejará el trabajo, aunque en general el disco irá en otra dirección, una que funciona más bien en plan viaje, es decir, hay que olvidarse un tanto de las estructuras (ojalá fumarse uno bueno) y entregarse a la experiencia que proponen piezas como 'There should be unicorns' o 'Nigdy nie (Never no)', entre otras. ¿Qué hay temas que se alargan demasiado, sumado a uno que otro exceso? Si, de hecho pasando 'Galaxy I sink' el disco se vuelve pesado y es solo llegando al cierre cuando el álbum retoma una linea melódica más accesible, ahí la excelente 'The castle' y 'We a fmily' (con Miley Cyrus una vez más acompañando en las voces) son un completo acierto. 

Pese a toda esta aparente irregularidad, es de agradecer el que The flaming lips insistan con el jugar en su propia liga, entregando álbum tras álbum propuestas tan únicas como poco amigables. Hay que quererlos así, sin más. 

3.5 // Muy bueno!

Otras reseñas de The flaming lips:

jueves, 2 de febrero de 2017

Cloud Nothings : Life Without Sounds (2017)

Esta vez va en serio. 

Con tres discos bajo el brazo, los norteamericanos de Cloud nothings lograron ganarse un espacio en el mundo del indie gracias a un sonido sucio y desenfrenado, que incluso fue capaz de entregarnos una de las mejores canciones que oiremos durante la presente década (click acá!). Sin embargo, a todos les toca crecer, así lo ha entendido Dylan Baldi, quien se ha decidido con Life without sounds el llevar a su banda un peldaño arriba. 

El álbum abre con 'Up to the surface' y de inmediato notamos que esta vez el asunto va en serio. Un piano que da paso a un medio tiempo muy controlado, una producción muy cuidada que se suma a una estructura que genera ambientes crecientes y que incluso deja con gusto a poco. La partida es potente e invita a ir por más. A partir de acá el disco visitará distintos lugares, algunos conectan con el pasado de la banda, ya sea en forma de claro single ('Things are right with you') o recuperando el alma caótica que en sus inicios desarrollaron ('Darkened rings', de lo mejor del álbum), otras pasadas melódicas inevitablemente recuerdan al mejor de los Weezer ('Internal world' o 'Enter entirely') mientras que llegando al cierre la banda recupera el filo con la tremenda dupla 'Strange year' + 'Realize my fate', un cierre lleno de ira que corrobora la tesis inicial: trabajaron al detalle este disco, desde su primer hasta último segundo de duración.

Dos años atrás, en este mismo lugar, finalizaba la reseña de Here and nowhere else (2014) afirmando que "otro disco en esta dirección no se resiste". Siendo consecuente con aquello debo corroborar mi punto con satisfacción. Con una producción menos sucia que en el pasado, Cloud nothings han sacrificado con Life without sounds el desenfreno en la búsqueda de un disco más equilibrado. Han dejado atrás la adolescencia mostrándose como una banda adulta, lo cual les ha sentado muy pero muy bien.

4.0 // Excelente!

Otras reseñas de Cloud Nothings:
2014 // Here and nowhere else
2012 // Attack on memory