VIDEOS DAVID BOWIE

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domingo, 29 de enero de 2017

Foxygen: Hang (2017)

De extremo a extremo.

Desde sus inicios Foxygen se mostró como una banda diferente, dinámica e incluso caótica (varias veces se han disuelto para luego volver al ruedo). Lo del dúo estadounidense a estas alturas es casi una forma de vida, lo cual se ve claramente expresado en la música que nos han entregado durante sus años de existencia. En 2012 entregaron un loquísimo Take the kids off brodway , un álbum marcado por la psicodelia sesentera y el sonido de los primeros stones, para luego encontrar el equilibrio melódico en We are the 21st century ambassadors of peace & music (2013), con seguridad uno de los mejores discos que oiremos en la presente década (si no lo has oído, te estás perdiendo de mucho). Un año más tarde, y cuando parecían haber encontrado el camino, ...And star power llegó para romper todo con de 24 canciones tan especiales como excesivas. El caso es que, sea como sea, en tres años Foxygen fue capaz de desatar admiración, sorpresa e incertidumbre en idénticas proporciones, lo cual considerando lo poco comercial del sonido del dúo resulta ser todo un mérito. 

Casi tres años han pasado desde ... And star power y han vuelto con todo, aunque esta vez han intentando condensar todo en una obra corta y compacta, lo cual juega a favor y en contra, es decir, el disco no logra cansar precisamente por ser breve pero entrega sorbos que son verdaderos concentrados de azúcar. Abren por ejemplo con dos temas bastante accesibles, 'Follow the leader' + 'Avalon', la primera es un single sensacional, interpretado de manera notable por un contagioso Sam France mientras que la segunda entrega las primeras pistas respecto a donde irán los dardos del resto del álbum: un sonido de cantina alegre, simpático y sobrecargado (mención aparte para el plagio al 'Waterloo' de Abba en los coros). Con 'Mrs. Adams' aparecerá un disco un tanto más teatral, con claras influencias del Bowie setentero, lo cual se verá reafirmado por la exageradísima 'America', digna del Meat Loaf más molesto de todos. 

Igual de sobre actuada suena la pasada por 'On Lankershim / Upon a hill / Trauma', aunque esta si encuentra momentos notables, sobretodo en la última. Cerrando finalmente con 'Rise up', otra que se muestra llena de explosiones y fanfarrias varias. 

Musicalmente Hang continúa buscando influencias (que no temen mostrar) en el baúl de la nostalgia setentera aunque abandona prácticamente las guitarras y la crudeza para enfocarse en un sonido marcado por pianos, teclados y vientos, transformándose así en una especie de musical cabaretero que pese a lo sobrecargado que a ratos suena, logra sostener la inquieta linea creativa del dúo. Han pasado desde la absoluta espontaneidad de ... And star power a un álbum muy pensado y cargado de histrionismo, todo con una convicción que impresiona. Hang entonces mantiene al dúo dentro de una categoría inclasificable a estas alturas y digna de toda nuestra atención. 

3.5 // Muy bueno!



Otras reseñas de Foxygen:

viernes, 27 de enero de 2017

Joaquín Sabina : Lo Niego Todo (Adelanto)

El genio lo sabe mejor que nosotros: su carrera viene a tumbos desde hace un buen tiempo. Ya sea por problemas de salud o mera falta de inspiración, su último gran disco data de 1999 (si, repito: 1999). Hablo por supuesto del 19 días y 500 noches, para muchos su mejor trabajo pero no para mi. ¿Y a partir de entonces? Algunas canciones (pero no discos) en Dímelo en la calle (2002) + Alivio de luto (2005), un aburridísimo Vinagre y rosas (2009) seguido de una serie de giras nostálgicas junto a Serrat, con un olor a naftalina que en lo personal se me volvió insoportable de seguir. 

El caso es que vuelve, y lo hace muy bien. En sus palabras: "a riesgo de aburrir a la gente, esta vez quiero escribir y cantar acerca de mis 68 años". Y así ha hecho, lo cual nos encanta. Para quienes siguen a Sabina, 'Lo niego todo' podría entenderse como la tercera parte de una trilogía iniciada en 1996 por 'Tan joven y tan viejo' y continuada unos años más tarde con 'A mis cuarenta y diez'. 

Vuelve entonces incorrecto, hablando de sus polvos y fracasos con 'Lo niego todo', desmitificando con su figura o jugando un poco con todo aquello que se dice de él. El caso es que adelanta de muy buena forma su próximo álbum, el cual esperaremos atentamente. Será entonces, hasta unas semanas más.

"Ni ángel con alas negras, ni profeta del vicio. 
Ni héroe en las barricadas, ni okupa, ni esquirol.
Ni rey de los suburbios, ni flor del precipicio.
Ni cantante de orquestas, ni el Dylan español...

Ni el abajo firmante, ni vendedor de humo.
Ni juglar de asfalto, ni rojo de salón.
Ni escondo la pasión, ni la perfumo.
Ni he quemado mis naves, ni sé pedir perdón...

Lo niego todo. Aquellos polvos y estos lodos.
Lo niego todo, incluyo la verdad.
La leyenda del suicida y la del bala perdida.
La del santo beodo, si me cuentas mi vida... Lo niego todo. 

El tiburón de Hacienda, confiscador de bienes,
me ha cerrado la tienda, me ha robado el mes de abril.
Si es para hacerme daño sé lo que me conviene.
He defraudado a todos, empezando por mi...

Ni soy un libro abierto ni quien tu te imaginas.
Lloro con las más cursis películas de amor.
Me echaron de los bares que usaba en la oficina,
y una venus latina me dio la extremaunción.

Lo niego todo..."

miércoles, 25 de enero de 2017

20 Años De... Beck : Odelay (1996)


En el afán de escapar del one hit wonder y asechado por una serie de muertes (incluida la de su abuelo), un veinteañero Beck se encontraba grabando un álbum de corte acústico y melancólico (el cual de hecho acabaría siendo Mutations de 1998), sin embargo, poco convencido por los resultados decidió detener dicho trabajo para cambiar el foco. Sabia decisión. Con los Dust Brothers en la producción, Beck se enfocaría en un álbum mucho más dinámico, alegre y dueño de una particularidad exquisita, la cual acabaría situando al disco entre los especímenes más atractivos de toda la década. 

El principal mérito con que contó Odelay fue el ser un trabajo que dio rienda suelta a la creatividad. Beck abrió la llave e, independiente si el producto resultaba vendible o no, plasmó todo lo que tenía en cada una de las canciones que componen el disco. Eso además de musicalmente cruzar elementos retro y una producción vintage con otros muy actuales, sobretodo el hip hop. Aunque insisto, en Odelay entró todo, tanto en arreglos y estilos como en letras mismas, las cuales incluso incluyen extractos cantados en un divertido e imperfecto español ("Yo soy un disco quebrado / Yo tengo chicle en mi cerebro"). En materia de diversidad el álbum es brillante de comienzo a fin. 


Si hablamos de rock, el disco dispara con fuerza en 'Devil's haircut' (que cuenta con un riff original de MC5, de 1966) y 'Minus', con ese bajo maravilloso que marca el tema, cuando abraza el folk lo hace desde el medio tiempo 'Hotwax' (que samplea la batería de 'Song for Aretha' de Bernard "Pretty" Purdie), 'Sissyneck' o la exquisita 'Lord only knows' pero también desde la balada en 'Jack-ass' o 'Ramshackle' (la única en todo el disco que sobrevivió a las viejas sesiones acústicas originales). Hay melodías orientales en 'Derelict' y también momentos donde el disco decididamente se lanza sobre el hip hop, ahí 'Novacaine' o 'High 5 (Rock the catkills)' funcionan muy bien y por si todo lo mencionase fuese poco, están las joyas retro del álbum, me refiero a 'The new pollution' y 'Where it's at', ambas únicas por su singularidad. 

"There's a destinition a little up the road
from de habitations and the towns we know.
A place we saw the lights turn low
the jig-saw jazz and the get-fresh flow.

Pulling out jives and jamboree handouts
two turntables and a microphone
Bottles and cans and just clap your hands
and just clap your hands..." 
(Where it's at) 

Mirado a distancia, no deja de ser increíble lo de Beckno es un gran vocalista (su registro es más bien limitado), ni un músico virtuoso y menos un intérprete con un desplante contagioso. No es un rapero blanco, tampoco un rockero. Sin embargo, el hombre con su creatividad supo, contra cualquier miramiento en menos que existió frente a su figura tras la edición de Mellow gold (1994), abrirse camino mediante un disco único en su especie, un trabajo que colocó a Beck en una categoría propia y donde de hecho al día de hoy sigue compitiendo únicamente consigo mismo. Un crack, uno de verdad. 

5.0 // Obra maestra 

Otras reseñas de Beck:

domingo, 22 de enero de 2017

The xx : I See You // 2017

Crecimiento que ilusiona. 

El eterno dilema del tercer álbum: tener que decidir entre el continuismo o la renovación. Sabido es que el segundo disco de cualquier agrupación, salvo honrosas excepciones, suele ser una recopilación de sobras del debut. En ese sentido, The xx no fue la excepción, tras un primer álbum de buena recepción el trío inglés intentó estirar el hilo en 2012 con Coexist, ganando efectivamente algo de tiempo pero sembrando dudas respecto a la capacidad para sostenerse más allá de sus quince minutos iniciales. 

A tres años de Coexist llegaron las primeras señales positivas, Jamie xx debutaba en solitario con In Colour, un correcto trabajo que daba para pensar el que podría haber vida en The xx más allá de la simpleza y el minimalismo. Pues bien, aquellas señales son las que efectivamente se han confirmado con la llegada de I see you, el mejor álbum de The xx a la fecha. Nos encontramos frente a un disco que da un salto cualitativo respecto a sus antecesores en materia de ambientes y estructuras, que por momentos se acercan al formato de "canción tradicional" e incluso se da maña para invitar al baile en contadas circunstancias. 

La banda abre el álbum declarando intenciones de inmediato: 'Dangerous' es una canción activa, diversa en materia de arreglos y que cuenta con una dinámica que escapa de lo realizado en el pasado por The xx. Algo similar ocurre con los gratos duelos vocales que se viven en la pasada por 'Say something loving' + 'Lips', mientras que 'A violent noise' (de mis favoritas del disco) funciona a la perfección gracias a su estructura creciente y que va reventando en beats con el correr de los segundos. 

Pasando el nudo el disco vivirá con 'Performance', 'Replica' y 'Brave for you' sus momentos más oscuros, esta última incluso me ha recordado en sus coros las texturas dream pop que bandas como Beach house suelen entregar, para luego retomar la dinámica con el single 'On hold' + la absolutamente romántica 'I dare you' y cerrar definitivamente con la honestidad de 'Test me'

Diez canciones entonces nos entregan The xx en su tercer álbum, un conjunto muy bien armado y que, por sobretodo, regala nuevas inquietudes por parte del trío. Acá hay dinamismo, electrónica que no se estanca en la intimidad sino que se ha atrevido a correr el riesgo de sonar algo más tradicional pero con un objetivo claro: el abrir puertas hacia algo que podría llegar lejos. Han faltado acá quizás canciones particularmente más adictivas, singles que queden en tu memoria más allá del grato momento, pero bueno, tiempo al tiempo. Por ahora, I see you es el tercer disco que The xx necesitaba. 

3.5 // Muy bueno!

viernes, 20 de enero de 2017

20 Años De... R.E.M : New Adventures In Hi-Fi (1996)


A veces hay que saber cuando y como decir adios. No es fácil. El ego siempre se entromete y cuesta el saber cuando dejarlo todo. Pero si hay una banda que dio cátedra respecto a como despedirse con dignidad, esa fue R.E.M. Sin parafernalia ni alardes, sin gira de despedida, anuncios de discos ni llantos. Simplemente, y cuando sintieron como banda que no había más que decir (siendo que venían de un gran álbum como fue Collapse into now), estos grandes decidieron colgar los botines. 

Ya por una despedida de aquel nivel, R.E.M tiene todos mis respetos, sin embargo mi historia con ellos comenzó mucho antes, y no precisamente de la mano de éxitos como 'Everybody hurts' , 'Losing my religion' o 'Shiny happy people'. No. Mi relación con ellos comenzó el día en que escuché por primera vez 'E-Bow the letter', cuyo sonido melancólico me cautivó y me invitó a ir por más. Descubrí entonces un álbum fantástico, especial, valiente, honesto y fruto absoluto de la inspiración de una banda que por opción decidió mantenerse al margen del torbellino del éxito.

El contexto: tras una década haciendo música R.E.M encontraba de golpe la masividad gracias a álbumes como Out of time (1991), Automatic for the people (1993) y Monster (1994). Giraban de hecho por los cinco continentes promocionando este último cuando surge la idea de grabar un disco sobre la marcha, con temas compuestos en camarines y ensayados en las pruebas de sonido previo a cada concierto. Y así fue. En palabras de Peter Buck "estaríamos durante diez meses en gira por lo que tocar todo el tiempo las mismas canciones resultaría un verdadero tedio. Así que dijimos, ¿por qué no grabar un álbum durante las pruebas de sonido? Era una idea estúpida y loca, pero en ese entonces tomó sentido para nosotros"

Y así fue. Diez de las canciones que componen New adventures in Hi-Fi fueron grabadas en vivo, siendo estas complementadas al acabar la gira de Monster por cuatro grabadas en los estudios de Seattle. Estas cuatro, como resulta lógico, son las canciones que balancean el álbum, las más introspectivas e íntimas. La tranquila partida por ejemplo con 'How the west was won and where it got us' es una de ellas,  también el medio tiempo 'New test leper' , la preciosa 'Be mine' (una de las canciones más lindas e infravaloradas escritas por Michael Stipe) y, por supuesto, la fantástica 'E-bow the letter', que cuenta con la participación de Patti Smith en coros + aquel emotivo e intenso cierre.

Las canciones grabadas en vivo dan muestra del momento musical que R.E.M vivía tras Monster. Un sonido cargado a las guitarras y por lo general crudo. Ahí 'The wake up bomb' o las sencillamente excelentes 'So fast, so numb' + 'Departure' traen la dinámica mientras que 'Undertow',  'Low desert' o 'Leave' (que en los ensayos llegó a durar hasta once minutos) trabajan ambientes más densos y la instrumental 'Zither' (grabada en camarines) + 'Electrolite' aportan una pasada más calma y reflexiva. 

New adventures in Hi-Fi es un disco especial por varias razones. Por la forma en que fue pensado y grabado pero también por representar el fin de un ciclo para R.E.M. Cabe recordar que este vendría a ser el último álbum en que participó Bill Berry, baterista de la banda, quien en plena gira sufriría un infarto cerebral que casi termina con su vida. La agrupación viviría entonces tras este álbum una fractura importante que se vería claramente reflejada en trabajos posteriores, los cuales abandonarían el rock y las guitarras para dar paso a una faceta más íntima e incluso electrónica. 

No nos vamos a engañar. R.E.M pagó siempre el costo de ser (por opción propia) una banda de bajo perfil y dueña de un rock aparentemente inofensivo. Michael Stipe nunca fue un Michael Hutchence, un Bono ni un Cobain sobre el escenario. Sin embargo, si existió un álbum en donde la banda dio muestras de un filo tan único como sensible fue este, el cual tras veinte años sigue sonando tan fresco, valiente y particular como en aquellos años. Opinión personal y contra lo que cualquier crítico especializado pueda opinar: este es el mejor disco en la carrera de R.E.M.

4.0 // Excelente!


Otras reseñas de R.E.M:

miércoles, 18 de enero de 2017

Sepultura: Machine Messiah // 2017

Recuperan fuerzas y justifican su presente.

Mirado con el lente del tiempo se logra contemplar el como, tras la partida en 1997 de Max Cavalera, Sepultura vivió un proceso de lento pero sostenido crecimiento. Se constata entonces el que álbumes como Against (1998) o Nation (2000) fueron los más débiles de esta segunda etapa de la banda pero de igual forma, y a poco andar, alcanzaron cotas musicales altas con el sólido Dante XXI (2006). Sin embargo, la indiferencia con que el mundo del metal recibe cada nuevo álbum de Sepultura, sumado al alejamiento de Igor Cavalera, han provocado en la banda un "continuar sin ataduras" que comenzó a apreciarse con la edición de Kairos (2011) y se vio intensificado con The mediator between head and hands must be the heart (2013) , aunque en ninguno de estos dos casos habían logrado sonar tan cohesionados como en esta ocasión ha ocurrido. En ese sentido, no creo exagerar si afirmo que Machine messiah, el álbum número quince en la carrera de Sepultura, se enmarca dentro de lo mejor que la banda ha editado durante la era con Derrick Green en las voces. Y es que habían sonado potentes e inteligentes, pero jamás de manera tan compacta, precisa y musicalmente inquieta como acá lo han hecho. 

Nos encontramos así con un conjunto de diez soberbias canciones que destacan por su ejecución, impecable de comienzo a fin, comenzando de manera arriesgada y dramática con 'Machine messiah' (la canción) pero regalando luego la característica agresividad marca de la casa en temas como 'I am the enemy' o 'Vandals nest, pasadas más densas y oscuras en 'Sworn oath', potencia pura en 'Resistant parasites', exquisitos arreglos en 'Phantom self' (de lo mejor del álbum con esos violines que juegan con guitarras) e incluso elementos progresivos en la instrumental 'Iceberg dances'

Intenta durante el álbum Derrick Green desdoblarse en su estilo, escapando a ratos de su tradicional gutural, lo cual se agradece, pero es Andreas Kisser en guitarra + composición y Eloy Casagrande quienes se llevan prácticamente todos los méritos del trabajo. Disco que falla a ratos en la entrega de temas particularmente recordables y se centra más bien en la técnica de las ejecuciones pero que de todas formas entrega un paso adelante para una formación que, pese y contra todos, continúa justificando su existencia. 

3.5 // Muy bueno!

Otras reseñas de Sepultura:

jueves, 12 de enero de 2017

U2: The Joshua Tree Tour 2017


El comienzo del fin para U2 ocurrió en 1998. Hasta ese entonces fueron una banda que contaba con dos características particulares: no tenían mal disco (de hecho dos o tres son verdaderas obras maestras contemporáneas) y miraban únicamente hacia adelante. "Fuck the past! Kiss the future!" fue una frase que Bono y cia. hicieron suya durante mucho tiempo y bajo ella se encontraba la idea de únicamente existir mientras hubiese algo interesante que mostrar. U2 solía ser cualquier cosa, menos nostalgia. 

Y digo 1998 porque aquel año fue clave en la carrera de los irlandeses. Por segunda vez en su carrera (la primera fue en 1989 con Rattle & hum) patinaban groseramente al intentar reinventarse lejos de su hábitat natural con Pop (1997), un disco que fracasó en el intento de fusionar la electrónica con el rock. El de 1997 es un álbum que en lo personal amo, por su personalidad y valentía, pero que no tuvo aceptación en crítica ni masas. U2 debió por primera vez en su carrera presentarse con estadios a medio llenar (en el marco del monumental e impresionante Popmart Tour), morder el polvo de la derrota y comprender que eran humanos que habían sido devorados por sus egos. 

El golpe caló hondo, al punto que al día de hoy Pop sigue siendo un disco del que U2 (lamentablemente) reniega tanto en vivo como en declaraciones, por lo que el arrepentimiento no tardaría en tomar forma. En 2000 la banda "volvería a lo simple" con All that you can't leave behind logrando recuperar el éxito gracias a hits del nivel de 'Beautiful day', 'Stuck in a moment' o 'Elevation' aunque evidentemente perdían peso en lo musical. Eso sin contar que desde entonces, tras volver a abrazar la masividad, U2 se volvió una banda tremendamente cobarde. El fracaso de Pop hirió tanto el orgullo de la banda que está jamás volvería a dar un paso al vacío, volviéndose una agrupación predecible y temerosa, presos del "que dirán". Y si con Unforgettable fire (1984), The Joshua tree (1987) o Achtung Baby! (1991) la banda se había esmerado en no sonar como sus pares generacionales, treinta años más tarde vemos exactamente el fenómeno contrario: hoy desesperadamente desean sonar actuales y contratan a productores del momento para lograrlo. 

Y presos también están de los contratos millonarios firmados. En particular Live Nation, con quienes deben cumplir con una gira en este 2017, y al no tener un disco a mano que promocionar (Songs of experience no tiene para cuando...), no se les ocurrió nada mejor que inventar una excusa para salir de gira y cumplir el contrato: los treinta años de Joshua Tree y la promesa de tocar este clásico completo. 

Se asumen dinosaurios del rock por tanto y el que no tienen nada interesante que decir más allá de desempolvar una vieja gloria (cual Roger Waters tocando por enésima vez The Wall), terminando de traicionar con esto todo aquello que alguna vez dijeron ser y sumándose a la lista interminable de "giras por la nostalgia" que existen en la actualidad. Es de esperar que al menos sobre el escenario logren sacar adelante el desafío con dignidad. Entre mayo y agosto The Joshua Tree Tour 2017 recorrerá los EE.UU y Europa... 


R.I.P  U2 

lunes, 9 de enero de 2017

La Despedida De Jorge González

En el marco de una discreta y nostálgica Cumbre del Rock Chileno versión 2017, Jorge González decidió despedirse de los escenarios. Probablemente para siempre. La razón es evidente: su estado de salud le impide mantenerse en activo y aquello se volvió más que visible la noche del 7 de Enero pasado.

Realizando un esfuerzo sobre humano Jorge González subió al escenario y entregó durante cincuenta minutos lo mejor de si. Para quienes lo admiramos, pese a sus evidentes idas y venidas (¿qué genio no las ha tenido?), verlo fue tremendamente emocionante. Más aún notando el repertorio escogido, González (en su ley siempre), en lugar de darle el gusto al público se lo dio a si mismo cantando lo que le salió de los cojones.

El show estuvo dividido en tres partes, la primera de ellas marcada por su pasado reciente, representado por sus dos más recientes trabajos: Libro (2013) y Trenes (2016). Sonaron 'Trenes', la hermosa 'Nada es para siempre' , 'Nunca te haría daño', 'Una noche entera de amor' y 'Yo no estoy en condiciones'. Material claramente para seguidores y que se vio complementado por una absoluta sorpresa: 'Hombre', de su álbum homónimo de 1993. Una perla que nadie habría esperado.

Tras una simpática versión en español de 'Knockin' on heavens door' abriría un segmento más dinámico con 'La cumbia triste', de su proyecto electro/tropical de 1997 titulado Gonzalo Martínez y sus congas pensantes, seguida de 'Brigadas de negro' (primer guiño a Los Prisioneros tras casi media hora de música) y una emocionante versión de 'La casa en el árbol', otra del homónimo de 1993.

Con la siempre dolorosa/erótica 'Amiga mia' el vocalista se despediría por primera vez. Tanto un desagradable y sobre actuado animador como un Ministro de Cultura intentar sobarle el lomo, acto que es interrumpido por el propio González al exclamar "vamos a cantar Tren al sur", tema que sabemos Jorge quiere mucho, ya que fue el que le abrió puertas a Corazones (esa visceral obra maestra de 1991) en medio de una crítica que no toleraba el que Los Prisioneros coqueteasen con la electrónica y cantasen al amor.

Finalmente, la siempre coreada en masa 'El baile de los que sobran' llegaría para dar cierre a una jornada inolvidable. Un show cuidado al detalle, con una banda de apoyo sólida y un Jorge González que, consciente de su complicado estado, se vio siempre concentrado en no perder los tiempos ni las letras. No dio con ninguna nota claro está pero el hombre no quiso dar lástima, se esforzó en entregar un repertorio alejado de la nostalgia, repitiendo una y otra vez un optimista "¡vamos arriba!" frente al cual contesté cada una de las veces desde mi sillón: "gracias Jorge, y si... vamos arriba".

jueves, 5 de enero de 2017

20 Años de ... Marilyn Manson : Antichrist Superstar // 1996



El decadente estado creativo, físico y vocal que vive en el presente Marilyn Manson por momentos nos lleva a olvidar lo grande que fue su pasado y el hecho de que hasta hace algo más de una década este se encontraba en plena forma, eso además de haber sido capaz de encajar al hilo al menos cuatro grandes álbumes entre 1996 y 2003. A los chicos de entre 15 y 20 habría que explicarles que el personaje que hoy ven sobre el escenario alguna vez hizo rodar cabezas con su discurso y generó fuertes controversias desde la estética, discurso y también en materia musical. Ahora, todo aquello se gestó hace un poco más de dos décadas, tiempo en donde un entonces desconocido Brian Warner comenzó en silencio junto a su banda + Trent Reznor (quien lo apadrinó al poco tiempo de haber lanzado el brutal The downrald spiral y de hecho aparece en los créditos de dos canciones del álbum) a trabajar la que vendría a ser una de las monstruosidades más maravillosas de dicha década: Antichrist superstar.

Cualquier cosa que se diga respecto a este álbum seguramente se quedará corta. Hablamos de un disco conceptual absolutamente fantástico, marcado por las influencias (Nietzsche en lo lírico, Reznor en lo musical) y desdicha de un Warner (Mr. Manson en ese entonces, y no Marilyn Manson como hoy es conocido) que deseaba vomitar sobre un mundo al cual también anhelaba devorar con idénticas ansias. En medio de esta contradicción personal y un contexto comercial en donde el grunge agonizaba para dar paso al brit pop, fue que se abrió espacio para que la figura del vocalista emergiese ganase gran popularidad, ayudado basicamente por el demoledor éxito del single 'The beautiful people', aunque claro, al hurgar en la madriguera todos acabarían descubriendo que Manson estaba lejos de ser un "one hit wonder".

De hecho, cuando hablamos de Antichrist superstar debemos entender el que no hablamos de un simple disco o de un montón de buenas canciones sino más bien de una obra compleja, repleta de simbolismos e ideas que fueron plasmadas de manera perfecta en setenta minutos de música. 

El álbum está compuesto por tres fases o ciclos que narran la historia de un ser que se propone destruirlo absolutamente todo para imponer su llegada (la del "Anticristo"). En este proceso de ira y transformación, a ratos sumamente humana, vivirá etapas de presentación, crecimiento, expansión y revelación (larva / mariposa / ángel), las cuales decantarán en una profunda desilusión, por lo que tras constatar la inexistencia de Dios acabará terminando con su propia existencia y por ende, el mundo (cuando morimos, muere el mundo, pues en nuestra conciencia no existe nada más allá de la individualidad). La metáfora es tan potente como compleja y se encuentra desarrollada de una manera tan sólida que no deja espacio a la duda.

La primera fase (la presentación del hierofante) abre con la dupla 'Irresponsable hate anthem' ("el himno del odio irresponsable") + 'The beautiful people', donde la ira, el descontrol y la destrucción se desatan ("mataremos a todos y dejaremos que tu Dios lo solucione..."). Esta es claramente una fase en donde Manson escupe a la sociedad contemporánea, a su hipocresía y banalidad. El Anticristo entra con todo y termina su declaración de principios con el fantástico intento de seducción que es 'Dried up, tied and dead to the world'.


"Seré tu amante. Lo seré por siempre. Lo seré mañana.
Soy cualquier cosa cuando estoy drogado.
¿No quieres algo de esto?
¿No necesitas algo de esto?"

La primera demostración de humanidad que el álbum muestra (y que no será la única) es la pesadilla hecha balada 'Tourniquet' ("Yo nunca quise que esto terminase así. Pero las moscas pondrán sus huevos..."), tras la cual abrirá el segundo ciclo del trabajo: 'Inauguration of the worm'. En esta sección el disco tiende a rendir culto a la figura del Anticristo, quien ha triunfado en 'Little horn' ("El pequeño cuerno ha nacido. El mundo abre sus piernas a una nueva estrella..."), es idolatrado por sus seguidores en 'Mister superstar' , aunque claro, conocerá acá ambas caras de la moneda ("Ey! Sr. Super estrella, mataría por ti / Te mataré si no puedo tenerte..." ) para finalmente proclamarse creador, salvador y destructor en la violenta 'Angel with the scabbed wings'. 

El final se acerca, el tercer ciclo titulado 'Desintegrator rising' abre con dos momentos fabulosos en donde el Anticristo continúa expandiendo su legado, primero en forma de prédica con 'Antichrist superstar', donde dispara duramente al cristianismo (quienes seguimos a Manson desde aquellos años sabemos que siempre la interpretó desde un púlpito, embriagado de poder cual predicador, mientras rompía biblias, desatando con esto la ira de instituciones cristianas que en su momento marcharon por censurarlo) con linea tales como "Tu me fortaleces con tu infierno de deseos / No tuve necesidad de venderte / Tu tiras tu dinero hacia un pozo con orina / Haces justo lo que se te dice. ¡Arrepiéntete! ..." y luego en la desatada '1996', otro ataque destructivo de parte de alguien que se declaraba en contra de todo lo establecido, aunque ciertas lineas insinúan que la crisis se avecina ("No puedo creer en las cosas que no creen en mi / Ahora es tu turno de ver que cosas odio de mi...").

Ahora, como si todo lo anterior no hubiese sido suficiente, la recta final nos depara probablemente uno de los momentos mejor logrados en toda la carrera de Marilyn Manson. El cansancio y decadencia de 'Minute of decay'  ("Estoy muy cansado para odiar. Siento el vacío. Siento el momento de decadencia. Amo darme por vencido. Amo vivir esta mentira...") da paso a la revelación de 'The reflecting god' ("Fui hacia Dios solo a mirar. Y me estaba mirando a mi mismo. Vi que el paraíso e infierno eran una mentira...") y el sacrificio final en 'Man that you fear'.

"Abre bien los ojos. Arrástrate por la oscuridad.
Envenenaste a tus niños para camuflar tus cicatrices.
Ruega hasta las astillas. Ruega hasta tus miedos. 
Ruega que tu vida haya sido un sueño. La herida jamás sana.
El mundo ahora está en mis manos y nadie puede oírte.
No queda nadie para ti..."


El álbum cierra de manera gloriosa con dos de las mejores canciones escritas por Manson en su carrera, muy buenos ejemplo además de la complejidad y diversidad de un disco impresionante desde la arista que se observe. Una crítica ácida e inteligente (y por cierto, poco comprendida incluso al día de hoy) a los Estados Unidos de aquel entonces, a la moralidad de occidente y sus costumbres. Manson creaba y mataba a su personaje al instante, dos años más tarde volvería totalmente reinventado en una especie de Bowie moderno pero aquello será motivo de una futura reseña de aniversario. Por ahora nos quedamos con Antichrist superstar, una genialidad moderna que veinte años más tarde sigue sonando tan impactante como en su primer día de vida.

5.0 // Obra maestra.

martes, 3 de enero de 2017

Nine Inch Nails : Not The Actual Events // 2016

Para seguir atentos.

No nos vamos a engañar a estas alturas: la carrera de Trent Reznor junto a Nine Inch Nails viene siendo errática desde hace un buen tipo a la fecha. En ese sentido, Hesitation marks (2013) fue un álbum que sucumbió frente a la ansiedad por tener un retorno triunfal de la banda pero que de todas maneras, en ese ir y venir agresivo/íntimo, más de alguna pequeña joya nos dejó. Ahora claro, la acusación de que Nine inch nails ha perdido el filo con el correr de los años es incontestable. Hay mucho relleno en sus últimos discos, canciones completamente inofensivas y una tendencia hacia lo predecible que asusta.

Sorprendió (aunque no excitó demasiado, digámoslo) por tanto el que Reznor anunciase de pronto un trabajo para fines de 2016. Nos vendió la moto luego con esto de que Not the actual events era un conjunto de temas "poco amistosos e impenetrables pero necesarios". Y, pese a que el asunto no da para volverse loco, en esta habría que darle la razón. Estamos frente a cinco canciones que en veinte minutos cumplen con su objetivo: abrir el apetito frente a lo que supuestamente vendría a ser el nuevo larga duración de Nine inch nails. Ni más ni menos. 

También hay que darle a Reznor el haber podido entregar esta vez un puñado de temas bastante cohesionados, que logran tener un punto en común musicalmente hablando. Ahí la partida a cargo de 'Branches/bones' + 'Dead world' conecta con las más recientes entregas de la banda, jugando con maquinitas y dentro de estructuras relativamente tradicionales pero coincidiendo en la oscuridad de su sonido. Ahora, con 'She's gone away' y 'Burning bright (field on fire)' si que el asunto se pondrá denso, con murallones de ruido bastante pesados y un Reznor que vocaliza bajo todo aquello. Entre ambas 'The idea of you' aportará con dinámica y un sonido industrial seco que pretende conectar claramente con los inicios de la banda. 

Lo dicho, Not the actual events cumple con su intención, el mantenernos atentos a lo que vendrá para la banda, eso además de mostrar una cara no tan amigable que sin volarnos la cabeza me parece recupera cierta fuerza que últimamente creíamos perdida.

3.0 // Bueno, cumple.

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