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miércoles, 19 de agosto de 2015

Sufjan Stevens // Carrie & Lowell // 2015


De vez en cuando llega a nosotros algún disco doloroso pero cuyo desangre resulta placer para el auditor. Es el elemento cruel con que carga el arte, no? Ellos dejan la vida en la obra mientras nosotros observamos el espectáculo cerveza en mano. Y en este caso ha sido el estadounidense Sufjan Stevens quien se ha despachado uno de los discos más honestos que seguramente oiremos durante esta década y de paso uno de los buenos álbumes que nos dejará 2015.

Íntimo, personal, melancólico, triste, brutalmente honesto, desgarrador. Todos adjetivos que entran perfectamente en la descripción de un trabajo para escuchar y disfrutar en plena calma, un disco que entre delicados arreglos de cuerdas abre la llave y permite el desate de un conjunto de letras muy potentes. Y es que ahí radica practicamente todo el peso de Carrie & Lowell, en sus increíbles letras, por lo que desde ya el álbum coloca una traba con quien oye: el punto fuerte no está puesto en los arreglos. Y no es que musicalmente el álbum sea aburrido (algo de intensidad le falta durante su recta final, eso si) pero el foco claramente está puesto en lo lírico y la historia que el disco arrastra, no por nada el mismo sello de Stevens decidió regalar (si, regalar) el arte del álbum con el fin de que todo el mundo pudiese obtener los textos. 

Carrie & Lowell es entonces la historia de un abandono y de todos los fantasmas que han acechado al cantautor desde de su infancia, acentuados además a partir de la muerte de Carrie, su adicta y esquizofrénica madre, quien en 2012 falleció a causa de un cáncer al estómago. 

La mirada va entonces todo el tiempo desde el presente al pasado, le declara su perdón en 'Death with dignity' ("Te perdono, madre, puedo oírte. Y anhelo acercarme a ti. Pero cada camino conduce al final..") y sus carencias en 'All of me wants all of you' mientras que en 'Should have knows better' abre una ventana hacia su infancia, al mencionado abandono. En 'Drawn to the blood' abraza a la religión, un reconocido escape que el hombre encontró para luego dedicar a Lowell, su padrastro, uno de los temas más tiernos del álbum: 'Eugene'

La segunda cara del disco abre en tono pesimista, 'Fourth of July' se refiere explícitamente a la muerte de Carrie ("Todos moriremos" repite una y otra vez hacia el cierre, quizás buscando consuelo) mientras que 'The only thing' es la desesperanza hecha música. A estas alturas del partido el disco ya ha convencido aunque el tono lastimero inevitablemente agota un tanto hacia el final, notable eso si el melancólico cierre que llega con 'Blue pocket of gold'

En definitiva, si con Michigan (2002) e Illinois (2005) Sufjan Stevens había dejado gratas sensaciones, en esta ocasión el compositor ha encontrado su mejor obra a la fecha. Un disco que inevitablemente marcará un antes/después para el artista, al menos en cuanto a expectativas se refiere. 

3.5 // Muy bueno!

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